¿Sabes lo que es tener 30 años y conocer a una persona desde los 5?
Veinticinco años pueden ser pocos en una vida completa. Pero cuando echas la vista atrás y no imaginas un momento de tu existencia sin tenerle a tu lado, veinticinco años se convierten en un todo que te llena y te hace sonreír.
Más aún si, en esos veinticinco años, ves cómo esa persona pasa de ser un chico tímido, inseguro, introvertido y freak a convertirse en un hombre divertido, con confianza en sí mismo, extrovertido y… bueno, hay cosas que ni cambian ni tienen porqué hacerlo.
Y pasa que, de repente, un día te despiertas, ves una foto en la que apareces con él haciendo el tonto y te das cuenta de que habéis construido algo capaz de superar obstáculos, desapariciones y cambios. Algo tan valioso que te entran ganas de guardar esa foto, esos recuerdos y a ese chico en un cajón pequeñito para poder llevarlo siempre cerca de tu corazón.
Algo tan valioso que pronto entiendes que no necesita de cajones ni encierros, porque parte de su importancia reside en que es una relación tan libre que decide no escapar, que decide quedarse y alimentar para siempre las dos vidas.
¿Sabes lo que es tener un amigo con el que sólo te falta compartir la misma sangre?
¿Sabes la suerte que tengo?

Si les hubieras conocido, sabrías que, cuando no terminas tu comida, sea lo que sea lo que quede en el plato, te dejas lo mejor. Y que no hay nada como saborear los huesecitos de cualquier manjar.
Si hubieras compartido con ellos alguna sobremesa, verías cómo alguien es capaz de batir el récord de quedarse dormido en menos de dos segundos y medio. O cómo se puede aprovechar el limón y el aceite para hacer una crema de manos infalible.
Si ellos te hubieran conocido, te habrían estrujado muy fuerte hasta que sintieras ganas de salir corriendo. Y te habrían llamado guapín mientras te daban tortitas cariñosas en los mofletes.
Si hubieras tenido la suerte, te habrían llevado a merendar al lugar con las mejores fresas, frambuesas y moras, donde los perros corren felices y juegan contigo y donde puedes beber la coca cola más rica y más fría del mundo.
Si ellos estuvieran aquí, les querrías. Automáticamente. Porque pasarías con ellos momentos de helados, aceitunas, paseos, risas, mimos, comprensión, regalos y ruido de pasos firmes sobre la baldosa floja del recibidor.
Él dejó de estar hace tiempo. Ella está pero no existe.
Pero, si estuvieran, apuesto a que dejarían lo que estuvieran haciendo por dártelo todo. Porque su amor sería incondicional, como lo fue conmigo.
Ellos no están, pero yo sí. Y mira si su huella es imborrable que no pasa un día sin que les recuerde, ni existe nada que no diera porque pudieras compartir tan sólo un momento arropado por ellos dos.
Si ellos estuvieran aquí… Si ellos estuvieran aquí, quizá no me sentiría tan triste ahora mismo.
¿Sabes cuando conoces a alguien y, en ese momento, te das cuenta de que le querrás siempre y que lo harás desde la distancia?
Hay personas a las que te une la cercanía física, el contacto, las salidas, los cafés, las películas o una cama. Y hay gente a la que, automáticamente, sientes muy cerca a pesar de no compartir apenas momentos.
Si lo pienso detenidamente, ÉL está lejos y siempre lo ha estado. Incluso cuando se sentaba a menos de un metro de mí.
Y, aunque es una distancia que se toca, que puedo oler y sentir, también son kilómetros que erosionan mi piel, que me marcan con señales imborrables y que provocan sonrisas que dan vueltas alrededor de mi cabeza.
¿Sabes cuando conoces a alguien y, en menos de un segundo, te das cuenta de que es especial y estará sin estar durante toda la vida?
¿Sabes cuando ves a alguien y sientes que le taladras, que le entiendes y que hay algo ahí dentro de gran valor y digno de la admiración más limpia?
¿Lo sabes?
¿De verdad lo sabes?
PD: esta vez sin escondites. Pablo Arribas, así eres tú para mí.
PD2: y la rana, también.

#amanecer según el cielo de #Madrid
Es la sonrisa en persona. Siempre he pensado que, incluso dormida, irradia felicidad, amistad y calma.
Es alguien con quien puedes conversar y depositar tu confianza ciegamente. Puedes cerrar los ojos y dejarte caer porque, aunque estuviera lejos, correría con fuerza para impedir que tu cuerpo llegase a tocar el suelo.
Es transparente, como el cristal, lo que le hace igual de vulnerable que este material.
A veces pasa que le notas diferente. Que aprecias que su sonrisa ha perdido fuerza y que sus ojos brillan un poquito menos, reflejando el descenso de destellos dentro de su corazón.
Y quieres preguntarle y consolarle. Y necesitas hacer que el mundo funcione para que ella no se rompa.
Pero te das cuenta de que existen cristales de muchos tipos. Y que este en concreto, del que ella está hecha, resiste vientos y huracanes.
Lo único que hace falta es protegerlo con amor, atención y sonrisas que se reflejan.
«Para P.»
Siempre pienso en las ataduras. Suelo reflexionar con los ojos cerrados durante horas, dando vueltas a las consecuencias de un nudo bien hecho. Ayer, con los ojos abiertos, medité sobre la forma en que pueden amarrarse los extremos.
Hay lazos que se desatan con sólo mirarlos. La seda es un material precioso, suave y brillante, que conquista la mirada con apenas un segundo de contemplación. Pero los nudos que se entrelazan con ese elemento son efímeros, pronto se deshacen y provocan que, lo que en otro momento unían con vigor, se esfume.
Y, pensando, me di cuenta de que suelen ser los materiales más feos, más rudos al tacto, los que se unen eternamente dejando lazos fuertes y haciendo que dos opuestos se conviertan en indivisibles.
La cuestión, supongo, es definir las prioridades. Descubrir si prima la belleza, la estética y la suavidad o si, por el contrario, es la fuerza permanente la elección correcta.
Yo, después de buscar, romper, perder y encontrar, me quedo las asperezas que dejan marcas de confianza en la piel.
Yo me quedo con la belleza de una unión robusta.
En #llanes #asturias la mascota de moda es el #gochonejo!! Mitad gocho mitad conejo 0_0 (Tomada con Instagram)
Anclados en #llanes #asturias (Tomada con Instagram)